metabolismo rápido

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Todos conseguimos energía a través de los alimentos y todos la gastamos para que nuestro cuerpo funcione y podamos realizar actividades físicas y mentales. Pero la capacidad para almacenar y gastar energía varía de una persona a otra.

Los factores universales que influyen en el peso de una persona son dos:

  1. A más calorías ingeridas y a menos ejercicio físico más propensa será la persona a guardar la energía extra que sobra en forma de grasa.
  2. La grasa es la forma más eficiente para almacenar esas calorías que no hemos aprovechado (bien porque hemos comido en exceso o bien porque no hemos hecho suficiente ejercicio físico). De hecho, de cada gramo de grasa se libera mucha más energía que de los hidratos de carbono o de las proteínas, alrededor de 9 calorías.

La dieta y el ejercicio son fundamentales en el peso final pero no son los únicos factores implicados. Hay personas que comen sin medida, no hacen ejercicio en absoluto y están delgadas, mientras otras personas con dietas bajas en calorías y con bastante ejercicio rebajan con mucho trabajo unos pocos kilos. Tras estas aparentemente ilógicas circunstancias se encuentran los siguientes factores:

El metabolismo basal.

El metabolismo basal es la energía que gastamos para mantener las funciones del cuerpo que nos permiten seguir con vida. Es más elevado en hombres, personas altas o con mayor peso, niños en proceso de crecimiento, madres durante la lactancia, y en situaciones de estrés, aparición de alguna enfermedad o una temperatura ambiental elevada.

Las personas respondemos de forma diferente a una misma dieta y la misma cantidad de ejercicio físico. Unas pueden engordar y otras adelgazar porque necesitan una cantidad de calorías diferente por un metabolismo basal distinto. Teniendo en cuenta que aproximadamente el 65% del gasto energético total de nuestro organismo se lo debemos al metabolismo basal (sólo un 30-45% se lo debemos al ejercicio físico y a la producción de calor) resulta muy importante tener siempre presente este factor.

Cada persona consume una cantidad de energía diferente para mantenerse con vida. Coloquialmente, se dice que las personas que tienen un metabolismo basal elevado tienen un “metabolismo rápido” mientras que las personas que tienen un metabolismo basal bajo tienen un “metabolismo lento”.

Genotipo ahorrador.

Cada vez que nos alimentamos aumenta la cantidad de glucosa (llamado habitualmente azúcar) en nuestra sangre. La mayor presencia de glucosa en sangre lleva a la producción de insulina. Esta hormona permite que las células se abran y así entre glucosa a su interior y puedan digerirla para funcionar con normalidad.

Las personas con células musculares que responden poco a la insulina, almacenan más grasa. Los músculos de estas personas utilizan y consumen menos cantidad de glucosa; en su lugar, la transforman en triglicéridos para almacenarse en el tejido graso.

En la mayoría de personas las células musculares tiendan a captar con facilidad la glucosa gracias a la insulina, pero en algunas personas las células musculares apenas captan la glucosa. En su lugar, son los adipocitos los que dejen abiertas las puertas de par en par cuando la insulina hace acto de presencia pero no para la glucosa, sino para un tipo especial de grasa, los triglicéridos. Esta característica singular tiene un componente genético (genotipo) que determina, en diferente medida, este resultado.

Estos con los principales motivos (hay otros, desde luego) por los cuales, aún comiendo menos y esforzándonos más, unos tenemos tendencia a ganar peso con facilidad mientras que otros usan pantalones de la misma talla toda su vida coman lo que coman…

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