Posted by santsinstitut at 19 julio, 2010 1:25 pm Ponte en forma, Salud y bienestar, Sobrepeso y obesidad

La hipertensión significa que la sangre circula por las arterias a una presión mayor que la recomendable.

hipertensiónMareos, sangrado por la nariz o cefaleas son algunos de sus posibles síntomas. El nivel normal de tensión arterial se sitúa en 120/80 mm Hg, es decir, que el corazón ejerce una presión máxima de 120 mm Hg durante la sístole o fase de bombeo, y que el corazón en reposo, en fase diastólica o de relleno, tiene una presión de 80 mm Hg. Sin olvidar que la presión del corazón es la misma que la de todas las arterias del organismo.

El principal riesgo para quienes sufren hipertensión es el infarto de miocardio.

Un hipertenso no tratado tiene 10 veces más opciones de morir de infarto. Asimismo, se pueden producir trombos o rupturas arteriales, pudiendo dar lugar a hemorragias, daño en las células nerviosas, pérdida de memoria o parálisis. El riñón también sufre las consecuencias de la hipertensión arterial y se produce insuficiencia renal con más frecuencia. Los pequeños vasos del fondo del ojo podrían verse amenazados por la hipertensión, que favorece su rotura, las hemorragias e incluso la pérdida de la visión.

Perder peso: medida necesaria

La reducción de peso es uno de los factores más importantes del tratamiento de la hipertensión arterial. La pérdida de 3-4 kg repercute de forma importante en:

  • Control de la tensión arterial
  • Mejora la respuesta del tratamiento farmacológico de la hipertensión
  • Mejora la tolerancia a la glucosa
  • Regular los niveles de colesterol y ácido úrico
  • Facilita el trabajo cardíaco y la respiración
  • Reduce la sobrecarga de la articulaciones

En general debe seguirse un tratamiento regular de por vida para bajar y mantener estable la presión. Las pastillas son sólo parte del tratamiento de la hipertensión y también es importante tomar medidas como no abusar del consumo de sal y hacer ejercicio con regularidad.

Consejos para el paciente hipertenso

  • Reducir el consumo de sal a 4-6 gramos al día. Existen pacientes que no responden a la restricción salina.
  • Consumir menos productos preparados y en conserva.
  • Reduce la ingesta de alcohol.
  • Realizar ejercicio físico: pasear, correr, nadar o ir en bicicleta de 30 a 45 minutos, un mínimo de 3 veces por semana.
  • Reducir el consumo de café.
  • Consumir alimentos ricos en potasio (legumbres, frutas y verduras).
  • Abandonar el hábito de fumar.
  • Hacer una dieta rica en fibra (25-30 g al día), ya que ayuda a disminuir el exceso de glucosa y colesterol en sangre, además de dar sensación de saciedad y plenitud gástrica.

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