Cuando se sigue una dieta un tanto estricta, es muy probable tener tendencia al mal humor, sobre todo cuando cuesta tener constancia y fuerza de voluntad. Al dejar de comer alimentos que nos encantan y provocan placer al saborearlos, el cuerpo y sobre todo la mente hacen que sintamos la necesidad de no dejar de consumirlos, lo que provoca estar de mal humor.

Hay que pensar en positivo y ser consciente de que una dieta saludable aporta muchas ventajas físicas y psíquicas. Ayuda a aliviar la ansiedad, en caso de que se tenga, el consumo abundante de agua, así como el incremento de verduras y hortalizas en la dieta. Claro, claro, lo de las zanahorias está muy bien, pero una superhamburguesa como ésta le da otro color a la vida, no es cierto? Seguro que sí.

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Y nadie dice que debamos dejar las superhamburguesas (o cualquier otro manjar exquisito) de por vida, tan solo es cuestión de ser razonables y asumir que una avalancha continua de calorías, grasa e hidratos de carbono se llevarán por delante la salud, la silueta y muchas de las alegrías que creemos que no vamos a conseguir con ensaladas, filetes a la plancha y fruta…

Existen investigaciones y estudios que confirman que algunos alimentos, como los frutos secos, el marisco, el pan integral y el chocolate, producen más bienestar que otros al ser ingeridos. Al comer este tipo de alimentos, el cerebro libera endorfinas, unas hormonas que favorecen el estado de ánimo y repercuten directamente en la sensación de placer del individuo. Por otra parte, no olvidemos que, si de perder peso se trata, hay métodos rápidos y médicamente seguros, como las dietas con batidos nutritivos, con los que podemos perder rápidamente esos kilos que nos sobran (barriga, michelines…) y después mantenernos en forma y atractivos con unos hábitos alimenticios equilibrados.

Una superensalada no tiene por qué tener nada que envidiar a nuestra amada superhamburguesa, señores, de manera que, con imaginación y buenos ingredientes (que el reino vegetal tiene tantas maravillas como el reino animal), podemos disfrutar de la comida (y alegrar la vista) sin perder ni el buen humor ni el gusto por la gastronomía.

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Tras previa y obligada consulta médica, se podrá conocer si es recomendable o no la inclusión de este tipo de alimentos en la dieta y, en su defecto, en qué cantidades y con qué frecuencia se deberán consumir. En caso de que no se permita su consumo, será indispensable que la fuerza de voluntad acompañe y ayude a entender que el esfuerzo se hace en beneficio directo de la salud.

Si quieres perder peso sin perder el buen humor, en Sants Institut podemos ayudarte. Ponte en contacto con nosotros y te concertaremos una cita con uno de nuestros especialistas para estudiar personalmente tu caso.

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